Publicado: Dom Feb 18, 2007 2:20 pmAsunto: España y la Gran Guerra
La neutralidad española
La Primera Guerra Mundial estalla entre el 28 de julio y el 4 de agosto de 1914. Un europeo lúcido, Stefan Zweig, recuerda en su autobiografía (Die Welt von Gestern —«El mundo de ayer»—) que la conflagración hizo saltar en pedazos el orden internacional y el sistema de valores que Europa se había concedido. Abundando en esta dirección, la historiografía de entreguerras sostiene que la Gran Guerra marca una línea divisoria entre la Europa triunfante del siglo XIX y la que a partir de 1919 se perfila en decadencia.
Stefan Zweig
No hay que esforzarse demasiado para emitir tal diagnóstico. La imparable declaración de hostilidades entre cancillerías y estados mayores avanzado el verano de 1914 es el lógico desenlace de la Paz Armada, postulada por el sistema de alianzas en el juego de los intereses internacionales.
El punto principal del contencioso europeo fue la balanza de poderes. La Triple Alianza, con su centro de gravedad en los imperios centrales, y la Triple Entente, dispersa geográficamente y rica en recursos, habían demostrado su operatividad histórica durante más de veinte años actuando como eficaz contrapeso en el mantenimiento de esa balanza de poderes que, como meta del orden internacional, habia sido empíricamente anhelada por los estados europeos desde que concluyó la guerra de Sucesión a la corona de Carlos II de España.
Pero el cúmulo de tensiones generadas en los diez años previos al de comienzo del conflicto (doble crisis marroquí, rivalidades interbalcánicas, rencillas de las oligarquías de las grandes potencias) degradaron hasta tal punto la virtual capacidad contenedora de desequilibrios que se atribuía al sistema de alianzas que éste mudó su naturaleza originaria y se transformó en hilo conductor de la belicosidad de los estados.
Nuevos factores
Fracasaba así la tentativa europea de formalizar una serie de convenciones —auténticos paliativos a la violencia institucionalizada— que vincularan a los protagonistas del sistema de alianzas. La tentativa se había explayado en dos ediciones, 1899 y 1907, celebradas en La Haya, sede a partir de entonces de un Tribunal Internacional.
Palacio de la Paz (La Haya)/ Conferencia de La Haya
En esa dialéctica permanente entre la paz y la guerra, esta última se impuso entre 1914 y 1918; la historiografía reciente (Pierre Re-nouvin, Luigi Albertini, Fritz Fischer, James Joll) ha puesto de relieve, más allá de la obsesiva cuestión de la culpabilidad (Kriegschuld-frage de los alemanes), tanto el carácter fatal del conflicto como su calidad revolucionaria.
Con la Gran Guerra, en efecto, las viejas unidades imperiales daban paso a un conjunto de nacionalidades apoyadas en el principio del derecho de los pueblos a su autodeterminación; valores y prácticas socioeconómicas irrumpían en 1914-1918 haciendo tambalearse la representación decimonónica del mundo: la revolución bolchevique y el despertar del actual Tercer Mundo introducían factores nuevos de peso, compactamente capitalistas, en las relaciones internacionales eurocéntricas, en aquel entonces predominantes.
Al historiador de hoy, por tanto, la Primera Guerra Mundial se le presenta como un fenómeno radical; los mecanismos de comunicación diplomática, financiera e intelectual de la Europa del siglo XIX se estrellan en ella y surgen a cambio unas relaciones de poder diferentes, que se perfilarán claramente con la bipolaridad internacional establecida en 1945.
En los coloquios organizados por la Escuela Francesa de Roma y el Centro de Estudios de Política Exterior y Opinión Pública de la Universidad de Milán (febrero de 1980 y 1981) se ha vuelto a reiterar que la ruptura con el pasado y el inicio de la crisis del siglo XX, al menos hasta la fijación del aludido sistema bipolar, datan del verano de 1914. El complejo período de entreguerras sería, en consecuencia, secuela histórica de la Gran Guerra. Ganada ésta por el bloque de países con sistema político demoliberal (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, que se incorpora más tarde a la lucha), los vencedores se erigen en arbitros del nuevo orden internacional que se registra en el Tratado de Versalles y el Estatuto de laSociedad de Naciones. Continuidad, pues, de la crisis abierta por la Gran Guerra en la historia de Europa hasta 1945 y razón suficiente para hablar de una ruptura difícilmente cuestionable.
Pragmatismo español
Las hostilidades sorprenden al Estado español anclado en la política habitual: endurecimiento en el terreno social y económico que alcanzaría su cota más alta en la inmediata posguerra (1919-1921) y precaria defensa del territorio y costas de la nación, tanto por el anacrónico sistema de comunicaciones y caducidad del armamento como por la preocupante situación interna de los institutos armados: hipertrofiados, desanimados y divididos en peninsulares y africanistas.
En consecuencia, España se mantuvo neutral, lo mismo que Suiza, Bélgica, Escandinavia y Luxemburgo, aunque ni su situación geoestratégica ni la movilización de la opinión pública facilitaron la observación de la decisión tomada. Al mes escaso de haber estallado el conflicto, el presidente del Gobierno español, Eduardo Dato, escribía a Antonio Maura una serie de consideraciones sobre la visión que la clase en el poder tenía de la neutralidad:
Abrigamos el propósito de no salimos voluntariamente de la norma de conducta que trazamos al estallar la conflagración. De la neutralidad sólo nos apartaría una agresión de hecho o una conminación que se nos dirigiese en términos de ultimátum para prestar nuestro concurso activo a algunos beligerantes. Alemania y Austria parecen satisfechísimas de nuestra neutralidad, que sin duda tuvo algo de sorpresa para ambas naciones, que nos creyeron comprometidos con la Triple Entente. Inglaterra y Francia no nos han podido dirigir el menor reproche, ya que nuestros pactos con ambos países estaban circunscritos a la actuación de Marruecos... ¿Durará esta situación? ¿Nos empujarán los aliados a tomar partido con ellos o contra ellos? No lo espero, aunque no deja de inquietarme la hipótesis. Y no lo temo, porque deben saber que carecemos de medios materiales y de preparación adecuada para auxilios de hombres y elementos de guerra y que aun en el caso de que el país se prestase a emprender aventuras, que no se prestaría, tendría escasa eficacia nuestra cooperación. ¿No serviremos a los unos y a los otros conservando nuestra neutralidad para tremolar un día la bandera blanca y reunir, si tanto alcanzásemos, una conferencia de la paz en nuestro país que pusiera término a la presente lucha?
Las palabras de Dato no tienen desperdicio. Traslucen el instinto de recogimiento nacional impreso por el conservadurismo canovista, por el espíritu del orden moderado, en la vacilante
y mal servida política internacional de la España contemporánea. El cálculo pragmático se alía a una candida operación pacificadora de la que nuestro país extraería autoridad y beneficio sin verse obligado a soportar los riesgos y costes de un conflicto prolongado; subyace, sin embargo, y se hace explícito el sentimiento de impotencia ante una fuerte presión exterior que podría arrastrar a España a la guerra desencadenada en Europa,
Eduardo Dato y ALfonso XIII.
Guerra de opiniones
Se ha destacado que la neutralidad española durante el conflicto no se correspondió con una tregua política o social en el interior del país. El trasfondo bélico agravó lo que se ha dado en llamar disolución de los partidos históricos (conservadores y liberales) y potenció la influencia electoral de demócratas, socialistas y regionalistas. La opinión pública se escindió también en una fractura que sería imperdonable reducir hoy a los manoseados grupos de aliadófilos y germanófilos. Y a esta guerra civil de opiniones se sumó el afianzamiento del capitalismo hispano, proveedor de países beligerantes y la crisis paralela de distribución y comercialización de cereales y frutos españoles a causa, principalmente, del bloqueo de las vías de comunicación marítimas.
Los múltiples aspectos de la cuestión, el estudio de las reacciones sectoriales, ideológicas, regionales o periodísticas ante el conflicto mundial no sólo enriquecerían el conocimiento de las causas de fondo que determinaron la neutralidad del Estado; también pondrían de relieve la beligerancia social e ideológica existente en el país, puesto que al haber permanecido neutrales en los conflictos europeos dirimidos entre 1870 y 1945, las crispaciones internas no se desahogaron con los enemigos exteriores, sino en la forma de contienda típica de la guerra civil.
Hemos pretendido calibrar en este informe el efecto producido por la Primera Guerra Mundial en tres medios sociales muy diferenciados: el Ejército, el mundo de los negocios y los intelectuales. Hemos querido saber hasta qué punto hubo información completa y verídica entre los componentes de estos sectores sobre los intereses encontrados en la guerra, hasta qué punto se apercibieron de los beneficios o riesgos que del hecho se derivaban, en definitiva, el grado de conciencia que del conflicto y la neutralidad obtuvo una generación de españoles.
El proyecto nuestro es limitado. Cabe por ello que con ¡guales o diferentes criterios de indagación, otros historiadores se decidan a explorar las reacciones de los partidos políticos, cadenas de prensa, sindicatos de clase, Iglesia y mundo de las artes, ante un suceso europeo que hizo cambiar el curso de la historia.
Texto y foto de Eduardo Dato con Alfonso XIII:
Cuadernos Historia 16 nº197, Ensayo de Víctor Morales Lezcano, Profesor de Historia Contemporánea. UNED, Madrid. _________________
Publicado: Dom Feb 18, 2007 4:20 pmAsunto: Gran guerra y catalanismo.
Voluntarios españoles en la Gran Guerra
Se estima que fueron unos 15.000 los españoles que participaron en la guerra provenientes de todas las regiones, si bien entre estos destacaban por su número los catalanes y aragoneses. Muchos de ellos formaron parte del Regimiento de Marcha de la Legión Extranjera francesa, que figuró como as de ases de los regimientos franceses.
En España existió durante la Guerra el Patronato de Voluntarios Españoles, que, entre otras cosas, editó diversas obras, como Los españoles en la Guerra de 1914-1918 (1920). Al frente del patronato figuró el Duque de Alba. La valiosa participación de estos voluntarios fué simbólica en la gigantesca contienda, pero provocó muchos gestos de simpatía en la opinión pública francesa. Tras el final de la guerra, muchos de aquellos voluntarios se quedaron en Francia.
Algunos voluntarios catalanes, luchando por Francia creyeron que luchaban también por Cataluña, por su autonomía o por su independencia.
La Unió Catalanista creó en febrero de 1916 el llamado "Comité de Germanor amb els Voluntaris Catalans" (“Comité de Hermandad con los Voluntarios Catalanes”) presidido por Joan Solé y Pla, que disponía en París y Perpiñán de dos centros donde los soldados catalanes recibían ayuda y podían quedarse normalmente cuando disfrutaban de permiso o estaban convalecientes.
Los autonomistas catalanes y sus simpatizantes del otros lado de la frontera intentaron utilizar al final de la guerra esta contribución, lo que determinó fricciones entre los dos países en los años 1918-1923. Sin embargo, las potencias aliadas jamás intercedieron por los intereses del independentismo catalán.
El Comité de Hermandad con los Voluntarios Catalanes
(Texto)
"Durante la primera guerra mundial se crea el “Comitè de Germanor amb els Voluntaris Catalans”, donde son miles los jóvenes nacionalistas catalanes que se alistan como voluntarios, con el ejército Francés, contra el imperialismo germánico y hacen suyos los deseos de libertad de muchas naciones europeas. En las comarcas catalanas del norte, la guerra, reforzó el patriotismo francés de muchos catalanes y este patriotismo se mitificó en la figura del mariscal Joffre. José Joffre fue un Rosellonés, hijo de payeses que llegó a tener un alto grado dentro del ejército francés, tuvo muchos éxitos durante la primera guerra mundial, su vuelta a Perpiñán en el año 1919 fue saludada por una importante delegación de dirigentes catalanistas del principado. También la guerra supuso la contadicción de ver como miles de catalanes, morían en las trincheras europeas defendiendo la bandera francesa que los estaba tiranizando. La guerra también sirvió para integrar sicológicamente las tierras catalanas del norte a Francia."
Anverso y reverso de la medalla del El Comité de Hermandad con los Voluntarios Catalanes
Gran Guerra y catalanismo.
(texto)
"El año 1916 explota en Irlanda el alzamiento de Pascua. Esta revuelta y su espíritu marca a más de un catalán que comienza a ver claro sus ideales separatistas. El mismo año fue constituida la entidad “Nuestra Lengua” que tenía representantes en todas las tierras catalanas.
En Mallorca se fundó en el año 1917 el Centro Regionalista, de ideología nacionalista, por Guillem Forteza. Aspiraba a la autonomía regional dentro de cada nación y a la federación de naciones soberanas formando un estado ibérico.
En 1918 aparece el semanario Estado Catalán. Sus firmantes ya afirmaban que a cada nación le correspondía un estado independiente; afirmaban que Cataluña era una nación, y defendían una acción apolítica. También ese año Francesc Macià dice: “Con la autonomía no hay bastante. Cataluña tiene que estar representada en la conferencia de paz. Necesita la independencia”. Hasta en el campo sindical, Salvador Seguí decía: “Nosotros los trabajadores, con una Cataluña independiente no perderíamos nada; al contrario, ganaríamos mucho.”
Una vez finalizada la primera guerra mundial, muchos pueblos colonizados, conscientes de su participación en la guerra, esperaban una solución a su situación. Sus deseos de independencia.eran animados por el presidente Wilson de los EUA, a favor de la autodeterminación. Estas ideas, junto con la constitución de nuevos estados independientes y también con la fuerte oposición del gobierno español de conceder más autonomía, radicalizó amplios sectores del catalanismo."
El poeta catalanista Àngel Guimerà, que escribió la poesía "Pels voluntaris catalans aliats, morts a França"
"Oh terra, en lo teu sí dolça dormida..."
Visión catalanista de la guerra:
(texto)
"En el Madrid político ha sido siempre axioma para combatir los movimientos regionalistas que la unidad a través de la uniformidad refuerza a los pueblos y que, en cambio, la unidad por federación los debilita. Esto podía ser sostenido con alguna apariencia de sinceridad antes de la guerra actual; hoy no. Porque, sea cual fuere el juicio sobre causas de desarrollo y probable desenlace de la guerra actual, nadie podrá dejar de ver en la acción de los Imperios Centrales el caso de unidad, de coordinación, de aprovechamiento de todas las energías, más formidable y maravilloso que la historia haya registrado hasta la fecha. Entre Alemania, Austria y Hungría suman más parlamento, más asambleas legislativas que todos los demás estados de Europa juntos; tantos regímenes jurídicos civiles y administrativos como grandes provincias; casi tantas lenguas; oficiales como lenguas habladas dentro de sus fronteras.
Esta guerra es el triunfo del valor unificador, cohesionante del nacionalismo y la autonomía. Esas colonias inglesas, grandes como Imperios, libres como Estados independientes, que cuando nosotros; las citábamos para basar reivindicaciones autónomas en favor de las; colonias españolas, eran motejadas en Madrid de pueblos separados y separatistas, esas colonias aportan hoy en esfuerzo heroico ai la metrópoli, a Inglaterra, tantos ejércitos y barcos y millones comoi España, por haberse resistido a conceder la autonomía, tuvo que invertir y gastar en perder las suyas."
Barcelona, marzo de 1916. Ramón de Abadal, marqués de Ale-lla, Federico Rahola, Luis Sedó, Leoncio Soler y March, Senadores; del Reino; José Beltrán y Musitu, Eusebio Bertrand y Serra, Francisco de A. Cambó, marqués de Camps, Manuel Farguell y de Magaro-la, Luis Ferrer-Vidal y de Soler, Juan Garriga Massó, Buenaventura María Plaja, Pedro Rahola, Alberto Rusiñol, Juan Ventosa y Calvell,, Narciso Verdaguer y Callis, Diputados a Cortes, (Per Catalunya i la «Espanya gran», «La Veu de Catalunya» (13, marzo, 1916.)
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Publicado: Lun Feb 19, 2007 11:23 pmAsunto:
Independientemente de que España no entrase en la Gran Guerra acabaría recibiendo y sufriendo todas las consecuencias que a raiz de ella se dieron.
El mismo dia 25 de Agosto con el inicio de las hostilidades el Presidente del Gobierno,Eduardo Dato,escribió:
Cita:
De la neutralidad sólo nos apartará una agresión de hecho o una conminación que se nos dirija en forma de ultimatun...Alemania y Austria parecen satisfechos con nuestra decisión...Gran Bretaña y Franciano nos han podido dirigir el menor reproche...¿No serviríamos mejor a los unos y a los otros conservando nuestra neutralidad...y si alcanzaramos una Conferencia de Paz en nuestro pais que pusiese fin a la contienda...?
De esta manera manteniendo a España neutral se conseguirían más beneficios de cara a una futura repartición del mundo en un Tratado de Paz al finalizar la guerra.Pero esta postura oficial gustaría poco entre las grandes esferas...
Por un lado los Carlistas de Juan Vazquez de Mella se posicionaron del lado de los Poderes Centrales y por el otro lado los Radicales Republicanos de Alejandro Lerroux se mostraron del lado de los aliados.Ambas posturas no sorprendian a nadie pero la que si dio la sorpresa fue la del Conde de Romanones,el lider del moderado Partido Liberal,que mediante un escrito suyo llamado ¡Hay neutralidades que matan! que tuvo mucha repercusión llamaba al gobierno de Dato a que dejase "una cobarde neutralidad" y que se decantase por el lado de los Aliados.No abogaba directamente por entrar de manera militar en el conflicto pero si por decantarse economica y mercantilmente por la causa aliada.
Conforme fue avanzando el conflicto,entrando más paises y desapareciendo la posibilidad de un conflicto corto la opinión del pueblo español fue modificándose.El periodista socialista Luis Araquistain lo resumía de la siguiente manera y en tres partes "durante el estadio inicial laguerra se seguía como un juego y la gente llegaba incluso a hacer apuestas...durante un segundo periodo en 1915 los españoles empezaron a tomar parrtido...y al final el estallido de la agitación y de la movilidad en torno a la cuestión de la neutralidad"
En España la mayoría de la población campesina de las zonas del interior del pais se tomaron el inicio del conflicto se puede decir que casi con total indiferencia,y en el caso de posicionarse tendían más al lado de los Poderes Centrales más tradicionalistas.En las zonas de la periferia del pais,más industrializada la cosa cambiaba bastante y se desataban numerosas pasiones por uno y otro bando,aunque predominaba más los partidarios francófilos.
Una buena parte del Ejercito pero no su totalidad,se mostraba germanófila,al igual que los ya citados carlistas por motivo de ser estamentos muy conservadores.Otro bastión importante germanófilo fue la Iglesia que se decantaba en bloque por el lado alemán pero más por su odio y temor hacia la Francia Republicana y Aconfesional que porque vieran al Kaiser Guillermo II como la nueva espada de Roma.
Por la otra parte la mayoría de los intelectuales de la época se mostraban del lado de los aliados:Benito Perez Galdos,Perez de Ayala,Unamuno,Valle Inclán etc etc con la excepción de Pio Baroja y Jacinto Benavente que se mostraron como germanófilos.De hehco varios de estos intelectuales formarían La Liga Antigermanófila.Pero el mayor apoyo a la causa aliada provino de los republicanos radicales y de los catalanista(si bien una pequeña minoría de ellos encabezados por Francesç Cambó se mostraron como germanófilos ya que veían en el modelo de los Länders alemanes un ejemplo a seguir para su autonomía).Para estos últimos un triunfo de su nación hermana Francia podía suponer un apoyo en futuras revindicaciones nacionales suyas.Un número indeterminado de catalanes(mayormente)se enroló en el Ejercito Francés y alguno de ellos fue destacado al contingente de Salónica en el Frente Búlgaro.
La Familia Real estaba dividida.Por un lado la mayoría de los cortesanos y la Reina Madre Maria Cristina se mostraron germanófilos,pero la esposa del rey,Victoria Eugenia de origen inglés,y el propio monarca Alfonso XIII se sentían proclives a la causa aliada.
Los republicanos de Lerroux se mostraban cada vez más partidarios de una intervención el conflicto que acelerase un cambio en el sistema reinante.La actitud provocadora de Lerroux,que varias ocasiones tuvo que huir de masas de neutralistas que le quisieron apalear,fue tal que hasta la propia Embajada Británica lo consideraba "un molesto e indeseable que servía de excusa para los alemanes".Sus acusaciones al gobierno de Dato al que calificaba en público como de traidor y la propagación en Barcelona del rumor de que los aliados iban a atacar a los buques alemanes atracados en la ciudad condal con el fin de meter a España en el conflicto acabó por agotar su imagen.
Su relevo lo cogería el asturiano Melquiades Álvarez y su Partido Reformista que de una manera más sosegada pero igual de efectiva le llevaría a ser el portavoz de la causa aliada en España con el beneplacito de Gran Bretaña y Francia(llegó a ser invitado a París).
Por otra las dos asociaciones políticas también mostrarían sus particulares puntos de vista.Por un lado los anarquistas de la CNT se mostrarían en contra del conflicto y tomarían una postura internacionalista sin decantarse por ninguno de los bandos.El PSOE , aun un partido debil en la escena,primeramente se había mostrado neutral pero ante la invasión de la neutral Bélgica fue cambiando su punto de vista hasta hacerse también del bando aliado.
Poco a poco la situación iría cambiando.España,con la entrada de la vecina Portugal,se encontraba rodeada de naciones aliadas por lo que una intervención del lado alemán sería un suicidio.La Guerra Marítima Sin Restricciones de Alemania empezó a incidir en el comercio español en donde empezó a escasear algunas materias y manufacturas.Hasta el pretendiente carlista Don Jaime había sido hecho de manera cautelar prisionero por los austriacos al considerarse este como pro-aliado(de hecho con su figura comenzaría un división dentro del movimiento carlista).Con todos estos sucesos las tornas cambiaron y por un lado los que antes más se mostraban más germanófilos ahora abocaban por una neutralidad mayor,en cambio los que se manifestaron más del bando aliado pedían al gobierno más compromiso con los paises vecinos.
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ESPAÑA 1914-1918 Entre la Guerra y la Revolución de F.J.Romero Salvadó _________________ "La más antigua e intensa emoción que conoce la humanidad es el miedo" Love, dile a Craft que se tranquilice Bruno dixit
Desgraciadamente y como regla general, la neutralidad de España en los conflictos europeos siempre se ha debído a la debilidad y no a una decisión libre y en concordancia con sus intereses. No se que ministro español del siglo XVIII dijo, "Dios nos guarde de la neutralidad" o algo parecido.
Parece que la división de parte de la sociedad española en germanófilos y aliadófilos era cosa de simpatías más que de defensa de intereses económicos, que en el caso de las colonias, practicamente ya no existían.
En la liquidación del Imperio Español Alemania se había aprovechado anexionandose "por todo el morro" los archipiélagos del Pacífico, mientras Francia e Inglaterra no levantaban un dedo para frenar a los EEUU. La misma Francia abusaba descaradamente de la inexistencia de flota española para ocupar casi todos los territorios ecuatoriales que le habían correspondido a España en África.
En resumen que si España era neutral se debía a que en realidad no tenía ya intereses que defender en él, tan fuera de juego estaba. Así es difícil elegir bando. Solo añadir que evidentemente, de entrar en guerra, el único bando posible era el aliado. _________________
Registrado: 20 Oct 2006 Mensajes: 2144 Ubicación: Entre Asturias y Madrid
Publicado: Mar Feb 20, 2007 11:41 amAsunto:
Respecto al escenario africano en la guerra,España también jugo un importante papel.
Por un lado en la Guinea española se habían entregado una cantidad de alemanes importante provenientes de Camerún.Lo que al principio parecía una rendición en masa de alemanes que preferían entregarse a un pais,aunque muy germanófilo,neutral en vez de a los británicos pronto levantó sospechas entre los aliados que creían que la verdadera misión era establecer comunicación con los navios alemanes confiscados en puertos españoles y cordinar acciones con submarnos alemanes que operaban en el Golfo de Bilbao y más tarde en la costa levantina.
Por otro España se convirtió en paso de armas y munición alemanas con destino el apoyar una rebelión marroquí contra los franceses(en Madrid en un convoy de mercancias se encontraron cerca del millón de cartuchos alemanes con destino el norte de africa)
Estos dos casos fue muy protestado tanto por los aliados mediante notas oficiales como explotado por la prensa nacional francófila(la prensa en Españ se encontraba profundamente influenciada y financiada por ambas partes).Finalmente con Romanones ya en la presidencia España adoptaría una postura más cercana a los aliados. _________________ "La más antigua e intensa emoción que conoce la humanidad es el miedo" Love, dile a Craft que se tranquilice Bruno dixit
Supongo que los sobornos por ambas partes también estarían a la orden del día. El caso de Guinea huele más bien a eso. Que mejor que hacer francófilo o germanófilo a alguien en un momento dado que untarlo convenientemente. _________________
Efectivamente España no estaba en situación de entrar en un conflicto de esas dimensiones y politicamente no tenía interes alguno en aliniarse con nigún bando. Otra cosa es la división que surgiría en el pais debido a la adopción de posturas algo lógico donde si eres del Madrid debes odiar al Barcelona o si apoyas a Fracuelo desprecias a Cara-Ancha. Decía Alfonso XIII que los unicos que estban con los aliados eran él y el pueblo. Muchos miembros de la aristocracía industrial tenían intereses en el mercado de guerra y Francia era el cliente prioritario. Es conocido el caso de la fortuna que hizo Romanones enviando mulas y herraduras viejas a Francia.
Por otro lado la neutralidad Española permitió que se desarrollara una magnifica labor como mediadora de la Cruz Roja. Esta, a traves de España y por mediación del propio Alfonso XIII, realizó acciones de comunicación de prisioneros con familiares, correo, traslado y devolución de prisioneros con enfremedades graves o incapacitantes, envio de alimentos y medicación, etc... Una labor que recibió elogios unanimes de todos los paises del mundo. Como cantó Ruben Dario " El mundo en guerra y en paz...España sola".
A José Luis:
El texto se refiere a su posición en el mismo principio de la guerra o más bien a su intención, pues ya se sabe que los alemanes tenían otros planes...
España pudo continuar su neutralidad ya que no estorbaba a nadie en principio y el precedente de la invasión napoleónica hacía que incluso el mismísimo Hitler, tan dado a la blitzkrieg, se lo pensara cuatro veces antes de comenzar una invasión.
En cuanto a los negocietes que se montaron algunos con la guerra, en absoluto sirvieron para que el país saliera de la miseria pues acabaron con ella. Una novela con película sobre el tema del enriquecimiento que trajo la guerra es "Todo sobre el caso Savolta" de Eduardo Mendoza. La novela es mejor que la película, a la que curiosamente no se parece demasiado en la idea principal. _________________
Publicado: Mar Feb 20, 2007 3:11 pmAsunto: Discurso de Dato
Discurso de Dato ante las Cortes españolas referente a la neutralidad.
5 de Noviembre de 1914.
EL Gobierno de S. M., respondiendo a la cortés invitación de la minoría de conjunción republicano-socialista, tiene una verdadera satisfacción al manifestar ante el Congreso que persevera en la actitud de neutralidad que, con ardoroso aplauso del país, adoptó desde el momento en que le fue conocida la declaración de guerra entre naciones con todas las cuales las relaciones eran de una sincera y leal amistad. La Nación española, que no ha recibido de ellas el menor agravio y que es totalmente extraña a las causas que hayan podido producir el actual pavoroso conflicto, desea verse alejada de los horrores de la guerra y a esto tiene un derecho incuestionable, siendo por todo extremo satisfactorio el observar que la neutralidad en que se ha colocado es respetada y ha sido reconocida como muy legítima y prudente por las mismas naciones beligerantes, las cuales han honrado a nuestros embajadores y ministros en el extranjero confiándoles la representación que tenían que abandonar de los derechos e intereses de sus subditos.
Atento a la marcha de los sucesos y en previsión de futuros acontecimientos, el Gobierno español no permanece indiferente a nada de lo que se relaciona con la defensa nacional. Ha adoptado y seguirá adoptante aquellas medidas que su previsión y su patriotismo le aconsejen como indispensables, sin que sobre esto pueda decir una palabra más al Parlamento, creyendo confiadamente que la Cámara y el país están, en todo lo que a la defensa nacional se refiere, al lado del Gobierno, porque el Gobierno representa los intereses de España.
Mantendremos, pues, esa actitud de neutralidad de la que jamás voluntariamente hemos de apartarnos y si contra lo que fundamentalmente creemos, si contra lo que constituye nuestra honrada convicción llegase en ei curso de las circunstancias, un momento en el cual debiéramos considerar si esa neutralidad era o no compatible, nuestra actitud no cambiaría en lo más mínimo antes de ver si eran compatibles con los intereses del Estado español, acudiríamos al Parlamento. Y si las Cortes tuvieran suspendidas las sesiones, las convocaríamos al efecto de que deliberasen sobre este punto esencial para ia vida de España, porque nosotros, señores, tenemos una fe ciega, una confianza absoluta en el patriotismo y sabiduría de las Cortes. No esperamos que llegue el caso (en hipótesis todo ha de admitirse) de que España pueda ser objeto de alguna agresión. ¡Ah! Si ese caso llegase, señores, nosotros somos españoles y nosotros sabremos responder a la tradición gloriosa de la noble y vieja España, sacrificando nuestras vidas, que nada valen por la integridad y la independencia de nuestro territorio.
Entretanto y mientras llega la hora de la paz, ansiada por la humanidad entera con angustia infinita, mientras esa hora bendita ¡lega (y quiera Dios que los pueblos neutrales podamos abreviarla interponiendo nuestros buenos oficios), nosotros debemos cumplir austeramente con los estrechos deberes que la neutralidad impone, no sólo deberes oficiales y deberes del Parlamento, sino deberes de toda la Nación española, de respeto, de admiración, de conmiseración a aquellos pueblos que sufren los horrores de la guerra, deberes que responden a la tradicional hidalguía del pueblo español.
Y para esto interesa mucho, señores, que todos estemos estrechamente unidos, que formemos una verdadera solidaridad nacional, desde el Rey hasta el último ciudadano, porque nuestra unión será ¡a mejor salvaguardia de los altos y sagrados intereses de la Patria. («Diario de Sesiones del Congreso». Legislatura 1914 (2 abril). Sesión 5 de Noviembre de 1914) _________________
Publicado: Mar Feb 20, 2007 3:18 pmAsunto: Romanones y la neutralidad
La opinión de Romanones que ha citado en su respuesta HP Lovecraft:
"Desde el primer instante en que surgió el conflicto europeo, tantas veces temido, por tan pocos creído, la opinión más generalizada en España, preciso es reconocerlo, ha sido que nuestra única, segura salvación, se halla en proclamar y mantener la neutralidad más absoluta; por eso se exigió que el Gobierno, que los hombres en quienes habían recaído anteriormente las responsabilidades del Poder, declararan si existían o no pactos o compromisos secretos y firmes que obligaran a España con otras potencias.
La contestación fue precisa y terminante, y con ella, y con la declaración de la Gaceta de la neutralidad de España quedó la opinión tranquila; nos creíamos desde aquel instante completamente inmunes y nos hallamos dispuestos a presenciar la tremenda, apocalíptica lucha, con emoción, sí, pero con aquella serenidad que da contemplar el peligro desde sitio seguro.
AI transcumr los días la tranquilidad ha aumentado; llegan los optimistas, confiados en la neutralidad, a augurar para nosotros, como resultado del conflicto, días de ventura, prosperidad y engrandecimiento. ¡Quiera el cielo escucharlos! Pero por si acaso no les atiende, conviene analizar cuál es la esencia de esa medicina prodigiosa que se llama neutralidad.
«Neutralidad», literalmente, expresa no ser de uno ni de otro. ¿Es que España, en realidad, no es ni de uno ni de otro? ¿Es que puede dejar de ser de uno o de otro? España, en verdad, no ha contraído compromiso con ninguna nación bajo el aspecto ofensivo o defensivo; pero el hecho es que España determino su actitud en el Mediterráneo con Inglaterra, primero, y con Francia, después, en las notas cambiadas en Cartagena; España firmó con Francia recientemente un Tratado respecto a Marruecos, que obliga a una y otra parte a una acción solidaria; España es fronteriza por el Pirineo con Francia; por todo su litoral, en realidad, con Inglaterra, dueña del mar, y por el Oeste, con Portugal, protegida y compenetrada de Inglaterra.
Bajo el aspecto económico, Francia ocupa el primer lugar en nuestro mercado de exportación e importación; el ahorro francés está empleado en España en múltiples empresas: síguenle en importancia Inglaterra y después Bélgica, ocupando el cuarto lugar Alemania, que muy recientemente se ha ocupado de España sólo para quitar el mercado industrial a Inglaterra.
España, pues, aunque se proclame otra cosa desde la Gaceta, está, por fatalidades económicas y geográficas, dentro de la órbita de atracción de la Triple Inteligencia; el asegurar lo contrario es cerrar los ojos a la evidencia; España, además, no puede ser neutral porque, llegado el momento decisivo, la obligarán a dejar de serlo.
La neutralidad que no se apoya en la propia fuerza está a merced del primero que, siendo fuerte, necesite violarla; no es la hora oportuna para hablar de la indefensión en que se halla España, Baleares, Cananas, Las Rías Bajas y las Altas Rías de Galicia, si pudieran hablar, si les fuera dable posible quejarse ¡qué cosas dirían! ¡que tremendas imprecaciones habríamos de escuchar! Cualquiera de los beligerantes que necesite de estos puntos, ¿quién le impedirá ocuparlos? Y entonces sucederá que los llamamientos y protestas del débil neutral por nadie serán escuchados, y quedaremos a merced de los acontecimientos, sin tener a quien volver la vista ni pedir amparo en la hora de la suprema angustia.
Si triunfa el interés germánico, ¿se mostrará agradecido a nuestra neutralidad? Seguramente no. La gratitud es una palabra que no tiene sentido cuando se trata del interés de las naciones. Germania triunfante aspirará a dominar el Mediterráneo; no pedirá a cambiode su victoria a Francia, como en el año 70, la anexión de una soia pulgada de territorio continental; la lección de Alsacia y de Lorena no es para olvidarla; pedirá como compensación el litoral africano, desde Trípode hasta Femando Pop, y entonces no solamente perderemos nuestro sueño de expansión en Marruecos: perderemos la esencia de nuestra independencia, que radica en la neutralidad del Mediterráneo; rota ésta, quedaremos a merced del Imperio Germánico; no podremos sostener como nuestras, no podremos sustraer a su codicia las Baleares; y en el orden económico y financiero, la ruina de aquellas naciones con cuyos intereses estuvimos compenetrados no podrán ser compensados ni sustituidos por !a expansión germánica. •** Por el contrario, si fuese vencida Alemania, los vencedores nada tendrán que agradecemos; en la hora suprema no tuvimos para ellos ni una sola palabra de consuelo: nos limitamos tan sólo a proclamar nuestra neutralidad; y entonces ellos, triunfantes, procederán a la variación del mapa de Europa como crean más adecuado a sus intereses.
La hora es decisiva; hay que tener el valor de las responsabilidades ante los pueblos y ante la Historia; la neutralidad es un convencionalismo que sólo puede convencer a aquellos que se contentan con palabras y no con realidades; es necesario que tengamos el valor de hacer saber a Inglaterra y a Francia que con ellas estamos, que consideramos su triunfo como nuestro y su vencimiento como propio; entonces España, si el resultado de la contienda es favorable para la Triple Inteligencia, podrá afianzar su posición en Europa, podrá obtener ventajas positivas. Si no hace esto, cualquiera que sea el resultado de la guerra europea, fatalmente habrá de sufrir muy graves daños.
La suerte está echada; no hay más remedio que jugarla; la neutralidad no es un remedio; por el contrario, hay neutralidades que matan." («Diario Universal», 19 agosto 1914.) _________________
Abriendo cajas que me quedaban, he recuperado con inmenso cariño un pequeño librito que publicó Historia 16 sobre la Gran Guerra años ha. Se
Voy a iros posteando un artículo muy interesante de Manuel Espada Burgos ("España y la Guerra") que trata sobre este desconocido tema.
Ante acontecimiento tan grave como una guerra que, por lo pronto se preveía de ámbito europeo, la decisión que podía tomar el Gobiernmo de España venía condicionada por la política de recogimiento institucional que caracterizaba al régimen de la Restauración.
Ajena ESpaña a los bloques de países que se habían delimitado en el continente, el unico intento más comprometido de participamiento en un sistema de alianzas fue el acercamiento a la Triplice en 1887, siendo ministro de Estado don Segismundo Moret. Decisión tan oculta a la prensa, a la oponión pública y al propio Parlamente que sólo salió a la luz en una sesión del Concreso en junio de 1904.
Pero aquel tímido intento de entrar en la Triple Alianza, a través del pacto firmado con Italia, no tuvo futuro, aunque demostró que los Gobiernos liberales siempre estaban más dispuesto a este tipo de participación europea. En 1895 el gobierno de Cánova no quiso renovar el pcto con Italia. En realidad, ni la Triple ni la Doble alianza ofrecían garantías en la política cubana, que era en aquellos años la cuestión candente.
Tras el aislamiento internacional en que vivió España la crisis del 98, su problemática puerta de salida hacia Europa fue la cuestión de Marruecos, que la vinculaba -amistosa o conflictivamente- a la política colonial y a los intereses mediterráneos de Francia y de Inglaterra.
Por ello, días antes de declararse la guerra, el ministro de Estado declaraba a un redactor de El Imparcial que
la posición de España ante el conflicto europeo no podía ser ni arbitraria ni caprichosa; era el resultado de los antecedentes de su política. _________________ Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.
El 7 de agosto la Gaceta publica un real decreto por el que el Gobierno de Su Majesta se creía en el deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles, con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho Público Internacional. La decisión ya había sido tomada por Dato, presidente del Gobierno, cuando se tuvo constación de declaración de guerra.
España había optrado por una postura neutral, situándose al margen de los inminentes riesgos y de los enormes problemas y calamidades que se precipitarían sobre los países europeso en los cuatro años próximos.
Optar por la neutralidad cuando la tragedia de una guerra amenaza vidas y hogares siempre se tiene por decisión acertada para quienes se sienten liberados del duro peso del conflcito. Entonces, mayoritariamente, el pueblo español se sintió confortado por la decisión del su Gobierno. Luegos muchos historiadores han valorado positivamente la decisión de Dato.
Indudablemente, en aquella ocasión se decidió Dato por la menos comprometida y aparentemente la mejor de las escasas opciones disponibles. Tampoco tuvo que pensar mucho, porque se desprendía de la propia situación de España y de la línea política que, en el ambito internacional, habían distinguido a los Gobiernos de la Restauración.
Porque en las razones de la neutralidad peaban más las causas negativas, las derivadas del aislamiento o del recogimiento español, que las positivas, nacidas de unos compromisos y de unos intereses claramente definidos y firmementes defendidos que aconsejasen como más rentable la postura neutral.
España, cuyos dos objetivos más próximos eran Marruecos y Gibrasltar, se sentía ajena a las grandes cuestiones que se debatían en Europa, al espinoso problema de los nacionalismos balcánicos y de la penetración de las potencias europeas en esa conflictiva zona; a la concurrencia económica de los grandes Estados industriales que buscaban ampliar sus mercados internacionales; a los problemas derivados de los intensos movimientso migratorios, acentuados desde comienzos de siglo; a los fuertes enfrentamientos de los imperialismos coloniales, que España sufría marginalmente en la aventura de Marruecos y de los que tenía la amarga huella de la crisis del 98, en que se sintió aislada y privada de apoyos internacionales.
No se sentía tampoco incluída en ninguno de los dos bloques, la Triple Alianza y la Triple Entente en que se había polizarido el continente europeo, ni los escasos y raquíticos tratados con ellos firmados le exigían un total compromiso en el conflicto. _________________ Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.
El gran político catalán Francisco Cambó lo resumía así en "La Veu de Catalunya"
Se va a una guerra para recuperar lo perdido... y España no añora ni desea lo perdido; se va a la guerra para conseguir un gran ideal nacional... y España no tiene ningún ideal nacional que nos una a todos, sólo algunos pseudo ideales de grupo, capaces únicamente de mantener una guerra civil [Nota del Escriba: palabras proféticas]... Y añadía: Hemos de ser neutrales en la guerra porque no podemos ser otra cosa.
Pesaban también el creciente déficit presupuestario, el escaso desarrollo de la indsutria y del comercio, y no menos la precaria situación del ejército. De ahí que la decisión del Gobierno viniera a ser no la opción libremente elegida, sino el convencimiento de que no existía otra salida.
La neutralidad española -diría Manuel Azaña- no ha sido ni es una neutralidad libre, declarada por el Gobierno y aceptada por la opinión después de maduro exámen 8...) sino una neutralidad forzosa, impuesta por nuestra propia indefensión.
En ello estuvieron dea cuerdo grandes sectores políticos del país, unos durante la contienda, otros en la reflexión alejada de los acontecimientos. Sin olvidar el propio interés de los países beligerantes porque España no entrase en el conflicto; interés promovido especialmente por Alemania, que quería evitar una línea de defensa en los Pirineos, al tiempo que ambos bloques contendientes esperaban los favores comerciales de España, que no tenía recuerdos especialmente gratos de sus vecinos europeos. _________________ Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.
Para Ramón y Cajal Francia nos atropelló y nos desdeñó siempre. Alemania, por su parte, jamás ha contado con nosotros. Nos juzgó en todo instante raza inferior. Francia nos impuso su voluntad en Marruecos, Alemania fomentó la acción del moro contra ESpaña. A una y otra debemos corresponder con desprecio y desdén.
Recientes todavías los desastrosos efectos de la derrota del 98, enfrentado a otro conflicto colonial, el de Marruecos, necesitado de reformas internas y paulatinamente alejado del proceso de profesionalidad que le caracterizó durante la primera etapa de la Restauración, el Ejército no estaba en las mejores condiciones para pensar en una guerra de ámbito europeo.
Nos han puesto frente a la guerra europea sin ejército, peor que sin ejército, con una nómina de militares que absorbe cientos de millones sin que tuviéramos un regimiento completo, denunciaba Manuel Azaña en uno de sus discursos en el Ateneo.
En el Ejército de tierra, de los 140.000 hombres en armas, 76.000 estaban destinados en Marruecos. La Marina seguía en muy malas condiciones. Hasta 1908 no se le había prestado atención tras la crisis del 98. En ese año se aprobó la construcción de tres acorazados, uno de ellos, el España, botado en 1912. En febrero de 1915 se aprobaba la construcción de 6 contratorpederos y 28 submarinos, de los que carecíamos en absoluto.
Si no tenemos nada de eso -material moderno, barcos, construcción adecuada- tenemos otra cosa que puede ser envidia del resto del extranjero: tenemos unas plantillas con las que podría haber suficiente para un ejército tres veces mayor, ironizaba ante el Congreso el conde de Romanones. En 1913, el general Luque, ministro de la Guerra, opinaba que existía un exceso de 1.858 jefes y oficiales, en tanto que faltaban 678 suboficiales para un mínimo equilibro en el seno del Ejército de Tierra. _________________ Palo Dixit: posible Anticristo, Cule y Salido que provoca manifas por donde pasa y vacalentacialano parlante.
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