Gran Bretaña había anexionado a su colonia de El Cabo los estados independientes de los boer en la guerra de 1899-1902. Por tanto en 1914 los boer tenían muy presente la invasión británica, sus líderes políticos y militares eran los mismos que los habían dirigido en la lucha doce años antes.

Louis Botha
Algunos de esos líderes habían asumido por completo del Tratado de paz y se sentían miembros del Imperio. El presidente sudafricano,
Louis Botha, que durante la guerra había logrado importantes victorias sobre los británicos, era sin embargo el más destacado de los boers probritánicos.
En 1911, durante la Conferencia Imperial de Londres,
Botha pidió al ministro de Hacienda,
David Lloyd George, fondos para armar un ejército sudafricano que sirviera de puntal del imperio en aquella parte del mundo. Ya que una guerra contra Alemania parecía inevitable, dijo
Botha, debían estar preparados para que cuando comenzara 40.000 jinetes sudafricanos invadieran las colonias alemanas de África.
Botha no sólo quería un ejército propio, sino un ejército poderoso. Y Gran Bretaña confiaba tanto en los sentimientos probritánicos de boers como él que permitió la formación de ese ejército: en 1912 se creó la UDF: Fuerzas de Defensa de la Unión (sudafricana), cuyo objetivo era, como había prometido
Botha, lanzarse sobre las colonias africanas de Alemania en cuanto estallara el conflicto.
Sin embargo, otros muchos boers no compartían estos sentimientos. Al comenzar la Gran Guerra el comandante en jefe de la UDF, el general
Christian Beyer declaró:
“es triste que la guerra se emprenda contra la “barbarie” alemana. Nosotros hemos perdonado, pero no olvidado, todas las barbaries cometidas por los británicos en nuestro país durante la guerra sudafricana.”
Ya en el segundo mes de conflicto, en septiembre de 1914, la UDF lanzó su primera acción de guerra contra Alemania. El coronel
Manie Maritz, al frente de una columna de caballería, ocupó la ciudad de Lüderitz, en la actual Namibia.
El ataque, sin embargo, no prosiguió debido a dos motivos: la UDF no estaba bien equipada para enfrentarse a los alemanes. Todavía utilizaba los obsoletos Lee-Enfield de la guerra anglo-boer.
Botha había logrado que Londres comprara fusiles mauser a los portugueses, mucho más efectivos, pero hasta que estos llegaran y se distribuyeran no era muy prudente ponerse a tiro de los alemanes.
Y el segundo motivo para que
Maritz no continuara su avance era que no se contaba entre los probritánicos de Botha, sino entre los que todavía anhelaban la independencia.
Aprovechando que la Gran Bretaña retiraba sus guarniciones para llevarlas a Francia, los boer proindependentistas estaban muy activos. El más eminente de los líderes antibritánicos, el senador
Koos de la Rey, acompañado del general
Beyer, que no ocultaba su antipatía hacia los ingleses, acudieron juntos el 15 de septiembre a una reunión con el general
Kemp, comandante de la guarnición de Potchefstroom.
Kemp contaba con un importante arsenal y con 2.000 soldados, y la posibilidad de que los utilizara para rebelarse ponía bastante nervioso al gobierno de
Botha.
En el trayecto desde Johannesburgo al campamento de Kemp, el coche en que viajaban
Beyer y
De la Rey se encontró con un control policial. Supuestamente la policía andaba tras la pista del grupo de forajidos más famoso de Sudáfrica, la banda de William Foster, pero por alguna razón uno de los agentes abrió fuego contra el vehículo y mató a
Koos de la Rey.
Muchos boers no creyeron la versión oficial de un accidente. La opinión generalizada era que
Botha se había librado así de su mayor rival político, y el entierro de
De la Rey se convirtió en un acto multitudinario de apoyo a la rebelión.
Un mes después, el 13 de octubre, el coronel
Maritz dio el primer paso, se sublevó con sus tropas e hizo un llamamiento:
"la antigua República de Sudáfrica y el Estado Libre de Orange así como la Provincia del Cabo y Natal son proclamados libres del control británico e independientes y cada habitante blanco de las áreas mencionadas, de cualquier nacionalidad, son por este medio llamados a tomar las armas en sus manos y realizar el ideal largo tiempo anhelado de una Sudáfrica Libre e Independiente”.
Los generales
Beyer,
Kemp y
De Wet secundaron la rebelión con sus tropas, y algunos miles de civiles acudieron a sus campamentos para engrosar las filas. Al cabo de una semana ya eran 12.000 los rebeldes.
Pero el gobierno de
Botha no había permanecido de brazos cruzados desde la muerte de
De la Rey. Había movilizado efectivos muy superiores a los sublevados, bajo el mando del mismo
Botha y del general
Jan Smuts, y había comenzado a recibir los prometidos fusiles mauser. Procedían de la vecina colonia portuguesa de Mozambique, 20.000 Mauser-Verguiero modelo 1904. Estas armas irían llegando poco a poco, con cuentagotas, pero allí donde hacían acto de presencia marcaban la diferencia.
Botha también disponía de vehículos a motor y de ametralladoras.
Sección de ametralladoras de la UDF.
Utilizaban armetralladoras algo anticuadas, de la guerra anglo-boer, obsoletas en Europa pero todavía útiles en Sudáfrica.
Maritz fue derrotado el 24 de octubre.
Beyer sufrió una primera derrota el 28 de octubre, se unió con
Kemp y cosechó una segunda derrota catastrófica el 9 de diciembre.
De Wet no tuvo mejor suerte y acabó siendo apresado en Bechuanalandia.
Al igual que ocurriera en la guerra anglo-boer, tras las batallas campales la lucha continuó en la forma de columnas móviles que aprovechaban la amplitud de la geografía sudafricana para librar una guerra de guerrillas. Pero a diferencia de 1899-1902, en esta ocasión los boer no se enfrentaban a ingleses que desconocían el terreno y no contaban con el apoyo de la población, sino que en esta ocasión las guerrillas boer se enfrentaban a otros boer, con lo que no tenían la ventaja del superior conocimiento del medio ni la complicidad de los civiles, dos elementos esenciales para una guerrilla.

Botha en campaña
Maritz tuvo que abandonar Sudáfrica y buscar refugio en África Alemana del Sudoeste, la actual Namibia. En enero de 1915 el general
Kemp con sus últimos 800 hombres quiso unírsele para proseguir la rebelión desde allí con el apoyo de los alemanes. La marcha de
Kemp fue quizá el evento más épico de la campaña: tuvieron que cruzar el Kalahari en las más duras condiciones, 1.100 kilómetros de desierto en os que perdieron la vida 300 hombres y casi todos los caballos.
Sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, la colonia alemana no sólo no sirvió de base para continuar la rebelión sino que
Botha y
Smuts la conquistaron en julio de 1915.
Lo llamativo de la rebelión boer es que, a pesar de producirse sólo 12 años después de la invasión británica, Inglaterra no necesitó enviar tropas de la metrópoli, la rebelión fue sofocada por la UDF de
Botha. Fueron boers los que mantuvieron a Sudáfrica leal al Imperio y, además, conquistaron Namibia a Alemania.
La efectividad del sistema colonial británico no puede tener mejor exponente, era un sistema capaz de ganarse la lealtad de quienes apenas una década antes lo habían combatido a muerte.
Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_Maritz
http://rapidttp.com/milhist/vol064jk.html